Supe de golpe que ya lo había dado todo. Que estaba echada a perder y todo había sido por ese precipicio abierto una tarde viendo atardecer a tres centímetros de su cara. Fue su sonrisa, su sonrisa y luego todo lo demás. El alcohol consiguió que enviase al olvido todo aquel descontrol, que volviese a recuperar la razón. Pero solo duraba un par de semanas. Su cara volvía a cruzarse en mi camino una y otra vez, una y otra noche, uno y otro mes, y a cada cruce mi corazón decidía llevarme al puto abismo. A pecho descubierto y sin corazas, iba así por la vida, y viendo como todos y cada uno de los sueños de antaño se cumplían en sus brazos. Iba matándome a desprecios y luego me besaba las heridas. A la desilusión número 27 me cansé de aguantar que me clavara puñales y después los retorciera como un juego macabro. Y aún así todavía me arrastré hasta sus brazos sangrando palabras una última vez, pero la sangre solo la veía yo. Se acabó, me quedé sin sangre ni transfusiones de extraños.Durante meses busqué el remedio en dosis cada vez más letales de alcohol, y traté de encontrar la salida más cercana. Un día empecé a escribir como una loca, solo las letras me calmaban, era como una droga. Tenía que convertir la nostalgia en recuerdos. Tenías que desaparecer de mi memoria para convertirte en simple tinta en papeles de folio blanco que pudiera quemar un día cualquiera en cualquier chimenea entre los brazos de cualquiera que no fueras vos. Desde entonces fueron pasando por mi cabeza (y por mis dedos) miles de líneas de odio, de alivio, de gratitud aún con todo por haberme enseñado lo que era sentirse viva. Seguía necesitando mis dosis de hojas en blanco y bic negro en la derecha y cuando me cansaba izquierda para aliviarme, para dejar que brotase todo aquello que había estado escondido TAN dentro.
Hasta que una noche otra cara cerró todas y cada una de las heridas.Tu puñal se partió en miles de pedazos, aquella noche tu sonrisa se heló. Aquella noche adiviné un precipicio aún mayor del que había contemplado meses antes. A partir de entonces, nada tuyo importó. Ni aquella mañana, en la que te colaste en mi vida sin tocar la puerta antes, ni la tarde de promesa y la caída ante mí de esa armadura de silencios. Recuerdo que lo último que hablamos fue que estaba muy cambiada,que estaba linda .. .y yo no sabía si darte las gracias o un par de hostias. Ya era demasiado tarde, lo único que me quedaba hacia vos era desprecio, un desprecio que se inflaba cada vez más como un globo de orgullo.
Pasó mucho tiempo. No dejé de escribir, y sé que mientras lo haga voy a estar a salvo de vos y de tus recuerdos. Sé que es peor después de todo no sentir por vos ni siquiera desprecio ,pero al menos eso quiere decir que tenían razón los que me aseguraban que el tiempo hace el olvido.
Consegui sobrevivirte, algo se murió hace casi un año dentro de mí y pensé que nunca iba a recuperarlo, pero acá sigue intacto. Me gustaría que me vieras llegar algún día a casa después de haber estado con otro. Eso es mi definición de la felicidad ahora. Ya no tengo miedo a mirar hacia atrás. Me enseñaste que no vale la pena perder los años persiguiendo algo que se fue por su propio pie y que siempre vuelve arrastrándose. Como mínimo un segundo al día sigo pensando en vos, en mí, en la nena que dibujaba arcoiris en el suelo de la plaza y en la que acabó diluyendo con lágrimas las hojas del diario. Ahora sé que no me enseñaste a luchar, aprendí yo sola.